Can We Prevent Alzheimer’s?

¿Podemos prevenir el Alzheimer?

El futuro de la memoria

En 2021, 57 millones de personas en todo el mundo padecían demencia. Cada año se registran casi 10 millones de casos nuevos.

La enfermedad de Alzheimer afecta a aproximadamente 24 millones de personas en todo el mundo. 1 de cada 10 personas de 65 años o más la padece. Casi 1 de cada 3 personas mayores de 85 años tiene Alzheimer.

A medida que la población sigue envejeciendo, se prevé que la prevalencia de la demencia por Alzheimer se triplique en los próximos 30 años (1).

Aunque la edad es el factor de riesgo conocido más determinante para la demencia, no es una consecuencia inevitable del envejecimiento biológico. Otros factores de riesgo incluyen la depresión, el aislamiento social, un bajo nivel educativo, la inactividad cognitiva y la contaminación del aire.

Existe abundante evidencia de que las decisiones sobre nuestro estilo de vida pueden influir en el riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer y otros tipos de demencia. Se estima que hasta el 40% de los casos de demencia podrían prevenirse mediante cambios en la dieta y el estilo de vida.

Las personas pueden reducir su riesgo de deterioro cognitivo y demencia si:

  • se mantienen físicamente activas,
  • no fuman,
  • evitan el consumo nocivo de alcohol,
  • controlan su peso,
  • siguen una dieta saludable,
  • mantienen niveles saludables de presión arterial, colesterol y azúcar en sangre.

Un estudio reciente publicado en julio de 2025 descubrió que una combinación de cambios de comportamiento —como el ejercicio, una dieta más saludable, juegos mentales y más conexiones sociales— mejoró de forma significativa la función cognitiva en personas con riesgo de demencia (2).

En Augment creemos que la longevidad no consiste solo en sumar años, sino en mantener la mente clara, creativa y conectada durante todos ellos. Aquí es donde comienza la nueva ciencia de la longevidad cerebral.

¿Qué es realmente el Alzheimer?

La enfermedad de Alzheimer no forma parte normal del envejecimiento. Es el resultado de cambios complejos en el cerebro que comienzan años antes de que aparezcan los síntomas y que conducen a la pérdida de células cerebrales y de sus conexiones.

La enfermedad de Alzheimer es el proceso biológico que comienza con la aparición de una acumulación de proteínas en forma de placas amiloides y ovillos neurofibrilares en el cerebro. Esto provoca que, con el tiempo, las células cerebrales mueran y el cerebro se atrofie.

Es un trastorno cerebral que destruye lentamente la memoria y las capacidades de pensamiento y que, con el tiempo, acaba con la capacidad de realizar hasta las tareas más sencillas.

Los síntomas de la enfermedad de Alzheimer —cambios en el pensamiento, la memoria, el razonamiento y el comportamiento— se conocen como demencia. Por eso, en ocasiones, al Alzheimer se le llama simplemente demencia.

La enfermedad de Alzheimer es la causa más común de demencia en personas mayores.

La demencia es el resultado de cambios en determinadas regiones del cerebro que hacen que las neuronas (células nerviosas) y sus conexiones dejen de funcionar correctamente. Es la pérdida de la capacidad de pensar, recordar y razonar hasta un punto que afecta a la vida diaria y a las actividades cotidianas.

La enfermedad de Alzheimer es el tipo de demencia más frecuente, pero no el único. Otras formas comunes de demencia son la demencia vascular y la demencia con cuerpos de Lewy (DCL).

La demencia vascular es un diagnóstico que se da en personas que presentan alteraciones vasculares en el cerebro, como un ictus o daños en los pequeños vasos que transportan sangre al cerebro.

La demencia con cuerpos de Lewy (DCL) se caracteriza por síntomas como alucinaciones visuales y problemas de pensamiento, movimiento, comportamiento y estado de ánimo. Las personas con DCL presentan depósitos anómalos de una proteína en el cerebro, conocidos como cuerpos de Lewy.

Corazón, metabolismo e inmunidad: claves para la salud cerebral

La salud cerebral en la enfermedad de Alzheimer está estrechamente ligada a la salud cardiovascular, metabólica e inmunitaria.

Las enfermedades cardíacas son un factor de riesgo importante tanto para el Alzheimer como para otras formas de demencia: pueden provocar directamente una disfunción cerebral en etapas tempranas e incluso triplicar la cantidad de proteínas asociadas al Alzheimer en el cerebro. Cuidar la salud cardiovascular desde edades tempranas es fundamental para proteger el cerebro y reducir el riesgo de problemas de memoria y de pensamiento en etapas posteriores de la vida.

La salud metabólica también desempeña un papel fundamental. Las personas con una salud metabólica deficiente tienen más probabilidades de sufrir problemas de memoria y de pensamiento, así como una peor salud cerebral, lo que puede contribuir al desarrollo futuro de demencia. Por ello, mantener una función metabólica saludable es una estrategia importante para reducir el riesgo de demencia y otros trastornos neurológicos relacionados.

El sistema inmunitario, encargado de proteger al organismo frente a agresiones, es igualmente vital para la salud cerebral. Su mal funcionamiento puede contribuir al desarrollo de demencia y otras afecciones neurodegenerativas. Enfermedades como la diabetes, la obesidad y las patologías cardiovasculares pueden desencadenar una inflamación sistémica capaz de comprometer la barrera hematoencefálica —el escudo protector del cerebro— y favorecer la neurodegeneración.

Acumulación de proteínas y cambios cerebrales tempranos en el Alzheimer

Los cambios en el cerebro comienzan entre 10 y 20 años antes de que aparezca cualquier síntoma evidente.

La demencia por Alzheimer se caracteriza por acumulaciones anómalas de proteínas — la beta-amiloide, que forma placas alrededor de las células cerebrales, y la tau, que forma ovillos dentro de ellas— además de una pérdida progresiva de las conexiones entre las células nerviosas.

Casi dos décadas antes de que aparezcan los primeros signos clínicos, ya pueden detectarse procesos inflamatorios en el cerebro, y un aumento del metabolismo mitocondrial —la actividad de las centrales energéticas de la célula— se considera uno de los primeros marcadores de la enfermedad.

Con el tiempo, distintas áreas del cerebro se van atrofiando. Las primeras zonas que suelen verse afectadas son las responsables de la memoria.

Esta ventana silenciosa es precisamente donde más importa la prevención. Cuanto antes actuemos, más podremos proteger la capacidad del cerebro para repararse, adaptarse y mantenerse ágil.

El diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer

Antes de principios de la década de 2000, la única forma segura de saber si una persona tenía la enfermedad de Alzheimer era mediante una autopsia, un procedimiento que se realiza después de la muerte.

Gracias a los avances en la investigación, hoy existen pruebas de laboratorio y de imagen que permiten a médicos e investigadores observar signos biológicos de la enfermedad, o biomarcadores, en personas vivas.

Además, el uso de la inteligencia artificial (IA) representa un avance significativo en la detección temprana y la predicción de la progresión de la enfermedad de Alzheimer.

Los médicos combinan distintas herramientas diagnósticas con el historial clínico y otra información —como exámenes neurológicos, evaluaciones cognitivas y funcionales, pruebas de imagen cerebral (RM, TC, PET) y análisis de líquido cefalorraquídeo o de sangre— para llegar a un diagnóstico preciso.

No existe una única prueba capaz de determinar si una persona padece Alzheimer u otro tipo de demencia.

La detección temprana no consiste en predecir el deterioro, sino en proteger el potencial.

Biomarcadores en sangre

Los biomarcadores pueden indicar cambios relacionados con la enfermedad en el organismo antes de que los síntomas físicos sean perceptibles o de que los cambios estructurales en el cerebro sean visibles en otras pruebas.

En mayo de 2025, la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA) aprobó la primera prueba de sangre para diagnosticar la enfermedad de Alzheimer, la prueba sanguínea Lumipulse. La prueba calcula el cociente entre dos proteínas que son sendos sellos distintivos de la enfermedad de Alzheimer —la beta-amiloide y la tau— y resulta menos invasiva y más sencilla de realizar que los escáneres cerebrales y las punciones lumbares que se utilizan actualmente para diagnosticar la enfermedad.

Puede sugerir la presencia de Alzheimer, pero es posible que se necesiten pruebas adicionales, como una PET cerebral o una punción lumbar, para ayudar a confirmar el diagnóstico.

La prueba de C2N: variantes de APOE y cocientes de amiloide para la detección temprana

C₂N Diagnostics presentó la prueba de sangre PrecivityAD2™, que alcanza una precisión del 90% a la hora de identificar el Alzheimer en pacientes con pérdida de memoria, utilizando un único punto de corte binario predefinido, en comparación con el análisis del líquido cefalorraquídeo (LCR) o la PET de amiloide.

La prueba PrecivityAD2 emplea espectrometría de masas de alta resolución para medir con precisión las proteínas en sangre que indican la probabilidad de que existan placas amiloides en el cerebro, un sello patológico característico del Alzheimer. Esta prueba de sangre mide el cociente beta-amiloide (Abeta) 42/40 y las isoformas E2, E3 y E4 de la apolipoproteína E, con fines de cribado temprano del Alzheimer.

IA y diagnóstico digital: análisis del habla, el movimiento y los patrones cognitivos

Al aprovechar el análisis del habla y el aprendizaje automático, la IA ofrece la posibilidad de realizar un cribado del deterioro cognitivo más accesible y eficiente.

Mediante el análisis avanzado del habla, el comportamiento, los historiales médicos y la neuroimagen, los sistemas de IA son capaces de identificar signos de deterioro cognitivo mucho antes de lo que permiten las evaluaciones tradicionales. Los dispositivos inteligentes pueden registrar la actividad motora del usuario, la variabilidad de la frecuencia cardíaca, los patrones de sueño y otras señales fisiológicas relacionadas con la salud cognitiva. Los algoritmos de IA pueden integrar estos datos para detectar desviaciones respecto al comportamiento habitual (3).

Los avances recientes en modelos de aprendizaje automático y aprendizaje profundo han demostrado un potencial considerable para detectar la enfermedad de Alzheimer a partir de las señales del habla del paciente, ya que cambios sutiles en los patrones del habla —como la reducción de la fluidez, las dificultades de pronunciación y el deterioro cognitivo— pueden servir como indicadores tempranos de la enfermedad, ofreciendo un método de diagnóstico precoz no invasivo y económico (4).

Aunque el uso de información digital es más complejo que el de las pruebas tradicionales para una enfermedad, como un análisis de sangre, ofrece la posibilidad de detectar la enfermedad mucho antes que los métodos de diagnóstico utilizados durante décadas.

Estamos entrando en una era en la que comprender el riesgo de nuestro cerebro puede traducirse en una protección proactiva, no en miedo.

Los genes no son un destino

Las células humanas contienen las instrucciones necesarias para que cada célula cumpla su función. Estas instrucciones están compuestas de ADN, que se empaqueta de forma compacta en estructuras llamadas cromosomas.

Cada cromosoma contiene miles de segmentos llamados genes. Los genes se heredan de los padres biológicos.

El gen más comúnmente asociado con variaciones en el riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer es un gen de riesgo llamado apolipoproteína E, también conocido como APOE.

El gen APOE da a tus células las instrucciones para producir apolipoproteína E. Esta proteína se combina con las grasas (lípidos) para formar moléculas de lipoproteínas. Las lipoproteínas transportan el colesterol y otras grasas a través del torrente sanguíneo. Estudios recientes sugieren que los problemas en la capacidad de las células cerebrales para procesar grasas, o lípidos, podrían desempeñar un papel clave en el Alzheimer y otras enfermedades relacionadas.

Existen tres tipos (alelos) del gen APOE:

  • APOE-ε2 (APOE2) es la forma menos común del gen. Reduce el riesgo de Alzheimer y podría ofrecer cierta protección frente a la enfermedad. Aproximadamente entre el 5% y el 10% de las personas tienen este alelo.
  • APOE-ε3 (APOE3) es el alelo más común y se cree que tiene un efecto neutro sobre la enfermedad: ni reduce ni aumenta el riesgo de Alzheimer.
  • APOE-ε4 (APOE4) aumenta el riesgo de Alzheimer y se asocia, en determinadas poblaciones, con una aparición más temprana de la enfermedad y con formas más graves de Alzheimer. Entre el 15% y el 25% de las personas tienen este alelo, y entre el 2% y el 5% son portadoras de dos copias.

Cada persona hereda dos copias del gen APOE, una de la madre y otra del padre.

Tener al menos una variante APOE-ε4 duplica o triplica el riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer. Tener dos variantes APOE-ε4 aumenta ese riesgo todavía más. Una persona con dos variantes APOE-ε4 tiene entre 8 y 12 veces más probabilidades de desarrollar la enfermedad de Alzheimer.

APOE-ε4 es el gen de riesgo más determinante para la enfermedad de Alzheimer, aunque heredar APOE-ε4 no significa que una persona vaya a desarrollar necesariamente la enfermedad. En el riesgo para la salud intervienen muchos factores, y la genética es solo uno de ellos.

Aunque nuestro código genético permanece invariable, podemos influir en la expresión de nuestros genes a través de las decisiones que tomamos sobre nuestro estilo de vida.

Un estudio de 2018 reveló que los cambios hacia un estilo de vida más saludable pueden beneficiar la cognición en personas mayores con riesgo, incluso en presencia de una susceptibilidad genética a la demencia relacionada con el APOE. El estudio también subraya la importancia de las estrategias de prevención temprana que abordan de forma simultánea múltiples factores de riesgo modificables (5).

Entre los principales factores modificables que pueden ayudar a “atenuar” el riesgo genético se incluyen:

  • practicar actividad física de forma regular,
  • mantener una salud metabólica equilibrada,
  • asegurar un sueño de calidad,
  • seguir una dieta antiinflamatoria.

Tus genes pueden marcar el punto de partida, pero tus decisiones diarias escriben la trayectoria.

La ciencia de la prevención

Un estudio de 2020 que incluyó datos de casi 3.000 participantes mostró que combinar un mayor número de comportamientos saludables se asociaba con un riesgo sustancialmente menor de desarrollar la enfermedad de Alzheimer. El equipo de investigación revisó datos de dos poblaciones de estudios longitudinales: el Chicago Health and Aging Project (CHAP) y el Rush Memory and Aging Project (MAP) (1).

El estudio reveló que las personas mayores que seguían simultáneamente cuatro o cinco comportamientos saludables —entre ellos, una dieta de alta calidad, actividad física regular, participación en actividades cognitivas, un consumo de alcohol leve a moderado y no fumar— presentaban un riesgo un 60% menor de desarrollar demencia por Alzheimer en comparación con quienes no seguían ninguno o solo uno de esos comportamientos (1).

Una investigación de enero de 2025 encontró que los participantes con un estilo de vida favorable mostraban una tasa de deterioro cognitivo un 46,81% más lenta que quienes tenían un estilo de vida desfavorable. Un riesgo genético elevado se asoció con una tasa de deterioro cognitivo un 12,5% más rápida. Sin embargo, las personas con un riesgo genético elevado pero un estilo de vida favorable presentaban un deterioro cognitivo más lento que aquellas con bajo riesgo genético pero un estilo de vida desfavorable (6).

Los resultados de este estudio sugieren que los beneficios de un estilo de vida favorable superan a los factores genéticos, y que mantener un estilo de vida favorable podría compensar el riesgo genético de un deterioro cognitivo acelerado (6).

Hábitos que sientan las bases de la longevidad cerebral

Movimiento

El ejercicio físico beneficia la salud cerebral al reducir el deterioro cognitivo, frenar la degradación del cerebro y aumentar los niveles del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), fundamental para la supervivencia de las neuronas y la plasticidad sináptica. La actividad física también reduce la progresión de enfermedades neurológicas al disminuir el estrés oxidativo y la neuroinflamación (7).

El ejercicio mejora el flujo sanguíneo, aportando los nutrientes necesarios para sostener la función cerebral, y además aumenta la producción de moléculas importantes para el funcionamiento del cerebro, incluida la memoria.

Salud metabólica

Aunque es relativamente pequeño, el cerebro consume una proporción desmesurada de la energía del organismo —casi un 20%— para sostener sus funciones intrincadas y complejas. Esta energía procede casi en su totalidad de la glucosa, un azúcar simple esencial para impulsar la actividad neuronal. Una glucosa estable proporciona una energía constante para las neuronas.

Sueño

El sueño no es solo importante para la salud cerebral: es fundamental. Durante el sueño, el cerebro elimina proteínas de desecho nocivas, como la beta-amiloide, relacionadas con la enfermedad de Alzheimer (8).

Nutrición

La nutrición desempeña un papel crucial en el mantenimiento de la salud cerebral y la función cognitiva.
Los mejores alimentos para el cerebro son aquellos ricos en ácidos grasos omega-3, antioxidantes y polifenoles.

El consumo de ácidos grasos omega-3 mejora el bienestar cognitivo, el aprendizaje, la capacidad de memoria y el flujo sanguíneo cerebral (9). Entre las fuentes dietéticas de ácidos grasos omega-3 se encuentran el pescado azul y las nueces.

Los antioxidantes actúan frente al estrés oxidativo y la inflamación, que pueden contribuir al envejecimiento cerebral y a las enfermedades neurodegenerativas (10). Los antioxidantes se encuentran habitualmente en los frutos rojos, el brócoli y las semillas de calabaza.

Los polifenoles son vitales para la salud cerebral porque ayudan a proteger frente a las enfermedades neurodegenerativas y a frenar el envejecimiento del cerebro. Los polifenoles están presentes en alimentos como el vino tinto, el chocolate negro, el té y los frutos rojos.

Regulación del estrés

El estrés crónico y unos niveles elevados de cortisol reducen el tamaño del hipocampo, la región responsable de la memoria y el aprendizaje.

La práctica de la meditación mindfulness puede reducir los niveles de cortisol, protegiendo así al cerebro de daños a largo plazo. Las técnicas de respiración, como la respiración profunda consciente, pueden reducir el estrés y, al mismo tiempo, mejorar la función cognitiva.

Compromiso social y cognitivo

Mantener relaciones sólidas con los demás, recibir apoyo y participar activamente en actividades sociales puede ayudar a que nuestro cerebro se mantenga sano a medida que envejecemos. Esto se debe a que estos factores contribuyen a lo que se conoce como reserva cognitiva, que actúa como un colchón protector frente al deterioro cognitivo o el empeoramiento de la función cerebral.

El compromiso cognitivo significa mantenerse mentalmente activo: hacer que el cerebro piense y trabaje intensamente. Cuando usas tu cerebro de formas nuevas y estimulantes, se forman nuevas conexiones entre las células cerebrales. Cuantas más conexiones tiene, más ágil es tu cerebro.

El papel creciente del seguimiento digital en la monitorización del riesgo temprano

Los dispositivos wearables combinados con la IA están revolucionando la detección temprana de enfermedades.

Los dispositivos wearables, como los relojes inteligentes, los monitores de presión arterial y los sensores de glucosa continua, están emergiendo como herramientas prometedoras para capacitar a las personas en el autocuidado, fomentar su implicación en su propia salud y permitir intervenciones tempranas (11).

El conjunto de hábitos para la longevidad cerebral

Las acciones positivas del día a día pueden marcar la diferencia en la salud cerebral, e incluso reducir el riesgo de deterioro cognitivo y, posiblemente, de la enfermedad de Alzheimer y otras demencias. Incorpora algunos o todos estos hábitos a tu vida para ayudar a mantener un cerebro sano.

Toma las riendas de tu salud cerebral hoy mismo: nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde para empezar.

Mantente físicamente activo

Las personas físicamente activas tienen más probabilidades de mantener la mente ágil. Intenta hacer ejercicio varias veces por semana, entre 30 y 60 minutos cada vez. Puedes caminar, nadar, jugar al tenis o realizar cualquier otra actividad aeróbica moderada que eleve tu frecuencia cardíaca y mejore el flujo sanguíneo hacia el cerebro y el resto del cuerpo.

Duerme lo suficiente

El sueño ayuda a proteger casi todos los aspectos de la salud cerebral: los trastornos del sueño están relacionados con el envejecimiento cognitivo, y dormir poco de forma crónica se asocia con un peor rendimiento de la memoria, un deterioro cognitivo más rápido y una mayor incidencia de demencia.

Tu cerebro realiza su mejor trabajo de limpieza mientras duermes. Evita las pantallas antes de acostarte y haz que tu espacio de descanso sea lo más cómodo posible. Haz todo lo posible por minimizar las interrupciones. Intenta dormir entre 7 y 9 horas de sueño de calidad cada noche.

Nunca dejes de aprender

La investigación demuestra que aprender nuevas actividades aumenta la reserva cognitiva del cerebro. Estimula la formación de nuevas conexiones entre las células nerviosas y ayuda al cerebro a generar células nuevas. Aprender nuevas habilidades es la mejor manera de construir reserva cognitiva.

Prueba a aprender un nuevo idioma, a estudiar cómo tocar un instrumento musical nuevo o a iniciarte en una nueva afición para aumentar y reforzar las conexiones cerebrales. Mantén tu cerebro ágil con otras actividades mentalmente estimulantes, como la lectura, los crucigramas o el sudoku.

Come bien

Reduce tu riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer llevando una dieta saludable y equilibrada, rica en verduras y frutas, especialmente verduras de hoja verde y una variedad de frutos rojos.

Una dieta que puede ser especialmente beneficiosa para tu cerebro es la dieta MIND. La dieta MIND, cuyo nombre en inglés significa “Intervención Mediterránea-DASH para el Retraso Neurodegenerativo”, combina la dieta mediterránea con la dieta DASH (Enfoques Dietéticos para Detener la Hipertensión), que reduce la presión arterial y pone el énfasis en verduras, frutas, cereales integrales, alimentos bajos en sodio, lácteos bajos en grasa, pescado, aves, legumbres y frutos secos.

Socializa

Las personas con menor participación social, un contacto social menos frecuente y una mayor sensación de soledad tienen un riesgo mayor de desarrollar demencia (12).

Pasa tiempo con tus viejos amigos y haz otros nuevos. Los vínculos sociales sólidos se asocian con una mejor salud cerebral, una menor depresión, un menor riesgo de demencia, una presión arterial más baja y una mayor esperanza de vida. Las interacciones significativas ayudan a reducir el estrés, mejorar el estado de ánimo y mantener el cerebro activo.

Reduce el estrés y la ansiedad

Las personas que sufren estrés, ansiedad o depresión de forma crónica tienden a presentar niveles más elevados de la hormona cortisol. Un exceso de estrés puede provocar una acumulación de cortisol en el cerebro que interfiere con su funcionamiento, causando a menudo lo que algunos denominan “niebla mental”. A largo plazo, el exceso de cortisol puede destruir células cerebrales, provocando la atrofia del cerebro.

El mindfulness y la meditación, junto con el ejercicio, son también excelentes formas de reducir el estrés y la ansiedad. Dedicar tan solo entre 8 y 12 minutos al día a meditar puede ayudar a reducir los niveles peligrosos de cortisol y generar una sensación de bienestar general.

La longevidad se construye con rutinas, no con propósitos

Cuidar la salud cerebral no requiere cambios drásticos: los pequeños hábitos constantes son los que más impacto tienen.

Reserva tiempo para moverte cada día. Acuéstate y levántate a la misma hora todos los días, incluso los fines de semana.

Come más comida casera que comida rápida o de restaurante. Haz todo lo posible por anticiparte a las situaciones estresantes. Coge un libro nuevo de tu biblioteca local y cultiva tus amistades.

Los pequeños hábitos repetidos forman la defensa más sólida frente al deterioro.

Los suplementos como amplificadores de hábitos

Los suplementos pueden ofrecer un apoyo valioso para la salud cerebral, especialmente cuando se combinan con hábitos saludables como una nutrición equilibrada, el ejercicio regular y la gestión del estrés.

Ácidos grasos omega-3

Los ácidos grasos omega-3 son cada vez más reconocidos por su papel fundamental en el mantenimiento de la función cognitiva durante el envejecimiento, incluyendo la memoria, la atención, la concentración, la capacidad de aprendizaje y el bienestar general (13).

El EPA y el DHA son componentes fundamentales de las membranas celulares del cerebro. El DHA, el ácido graso omega-3 más abundante en el cerebro, es esencial para el mantenimiento y el funcionamiento de las células neuronales. El EPA, por su parte, favorece la salud cognitiva principalmente a través de sus propiedades antiinflamatorias, beneficiosas para reducir la neuroinflamación, un factor que contribuye al deterioro cognitivo y al desarrollo de enfermedades neurodegenerativas (13).

Dado que el organismo no puede producir estos ácidos grasos, deben obtenerse a través de la dieta o de suplementos, con dosis eficaces para distintas condiciones de salud que oscilan entre 250 y 4000 mg de omega-3 al día (13).

Descubre más sobre cómo los ácidos grasos omega-3 pueden influir en el envejecimiento cerebral en nuestro artículo anterior:

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Magnesio L-treonato

La mayoría de los suplementos de magnesio tienen una biodisponibilidad relativamente baja, excepto el magnesio L-treonato. El magnesio L-treonato eleva de forma eficaz los niveles de magnesio en el cerebro y en las neuronas (14).

La suplementación con magnesio se asocia con una mejora de las funciones cognitivas y una reducción del riesgo de demencia (15). Un mayor aporte de magnesio resulta especialmente beneficioso para la salud cerebral y puede ayudar a preservar la función intelectual y a reducir el riesgo de demencia, ya que protege las células nerviosas (13).

El magnesio L-treonato también mejora la calidad del sueño (16).

Creatina

Se ha demostrado que la suplementación con creatina mejora distintas medidas de cognición y memoria, principalmente en adultos de mayor edad, y reduce los síntomas de la privación de sueño (17).

Para una guía sencilla sobre la suplementación con creatina, echa un vistazo a nuestro artículo:

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Melena de león (Lion's Mane)

La melena de león posee propiedades neuroprotectoras y potenciadoras de la cognición. Contiene compuestos bioactivos, como las hericenonas y las erinacinas, que estimulan la producción del factor de crecimiento nervioso (NGF). El NGF favorece la neuroplasticidad —la capacidad del cerebro para formar nuevas conexiones neuronales—, algo esencial para el aprendizaje, la memoria y la capacidad de adaptación.

En dos ensayos clínicos, la suplementación con melena de león mostró mejoras significativas en la función cognitiva en un plazo de cuatro meses, tanto en personas mayores sanas como en personas mayores con deterioro cognitivo leve (DCL) (18).

¿Tienes curiosidad por los suplementos de setas? Analizamos la evidencia en nuestro artículo:

Bacopa monnieri

Una revisión sistemática publicada en 2024 confirmó que la Bacopa monnieri (BM) tiene el potencial de mejorar los trastornos cognitivos y prevenir el daño oxidativo. La BM es conocida por sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. Las actividades antioxidante y antiinflamatoria son de importancia fundamental para prevenir los procesos neurodegenerativos (19).

Se ha utilizado en muchas partes del mundo como remedio medicinal, en particular para tratar diversos trastornos neurológicos, mejorando las capacidades de pensamiento, la memoria, el insomnio, las convulsiones y la ansiedad (19).

Resveratrol

El resveratrol tiene efectos antioxidantes, antiinflamatorios y neuroprotectores, por lo que puede ayudar a proteger frente a diversas enfermedades crónicas, incluida la enfermedad de Alzheimer (20).

Sus propiedades antioxidantes protegen las células cerebrales y otros componentes celulares frente al daño oxidativo. El resveratrol también ayuda a reducir la inflamación cerebral al proporcionar un revestimiento protector a los vasos sanguíneos y prevenir agresiones o lesiones.

Descubre más sobre el resveratrol en nuestros artículos:

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Curcumina

La curcumina es el compuesto biológicamente activo de la cúrcuma. La investigación sugiere que la curcumina biodisponible ofrece beneficios terapéuticos en distintas etapas y causas del deterioro cognitivo, mejorando la memoria de trabajo y previniendo la neurodegeneración (21).

Descubre más sobre la curcumina en nuestros artículos:

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Ribósido de nicotinamida (NR)

El cerebro es uno de los órganos con mayor demanda energética, y las neuronas dependen de la energía producida por las mitocondrias para comunicarse entre sí. Cuando la actividad mitocondrial se ve afectada, las neuronas no disponen de la energía necesaria para funcionar correctamente.

La suplementación con NR (un miembro de la familia de la vitamina B3) puede mejorar la función mitocondrial, lo que se traduce en una mayor producción de energía y una mejor salud celular en general.

La suplementación con NR puede contribuir a la estabilidad genómica al facilitar mecanismos eficientes de reparación del ADN, lo que podría ralentizar el proceso de envejecimiento y prolongar el tiempo de vida en buena salud.

Puedes obtener más información sobre el ribósido de nicotinamida en nuestro artículo anterior:

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El futuro de la salud cerebral

Las tecnologías wearables y los sistemas avanzados de alerta temprana están generando una revolución en la salud cerebral.

La tecnología wearable incluye sensores integrados en relojes inteligentes, gafas, pulseras, diademas o prendas de ropa que se pueden llevar puestos con facilidad. Estos dispositivos monitorizan numerosos datos biométricos —como las ondas cerebrales, la frecuencia cardíaca, los patrones de sueño, el movimiento e incluso la temperatura corporal— en tiempo real.

Estas tecnologías recopilan datos en sistemas basados en la nube y los analizan mediante algoritmos avanzados. Como resultado, es posible detectar las primeras señales de riesgo de la enfermedad antes de que aparezcan los síntomas clínicos.

La enfermedad de Alzheimer puede detectarse de forma temprana a través de signos como la pérdida de memoria en fases iniciales, los cambios en las rutinas diarias y las alteraciones del sueño.

Estrategias neurorregenerativas

En los últimos años se ha descubierto que los péptidos bioactivos y los factores neurotróficos —entre ellos el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), el factor de crecimiento nervioso (NGF), la irisina y la melatonina— ejercen funciones neuroprotectoras frente a la enfermedad de Alzheimer (22).

Actuar sobre la función mitocondrial es una estrategia prometedora para desarrollar nuevos tratamientos contra el Alzheimer. Las mitocondrias disfuncionales en la enfermedad de Alzheimer contribuyen a una menor producción de energía, al estrés oxidativo, a desequilibrios de calcio, a la agregación de proteínas y a la inflamación.

Conclusión

Aunque todavía se desconoce la causa exacta del Alzheimer, existen factores de riesgo que pueden favorecer el desarrollo de demencia.

El riesgo de Alzheimer está determinado por la genética, el entorno y el comportamiento. Podemos influir activamente en dos de esos tres factores —el entorno y el comportamiento— para reducir el riesgo hasta en un 60%.

Nunca es demasiado tarde para proteger la salud de tu cerebro. La salud cerebral empieza con la toma de conciencia: de los factores de riesgo, de las acciones posibles y de las oportunidades.

Contamos con una herramienta poderosa para ayudar a proteger nuestra salud cerebral: nuestros comportamientos diarios.

Una parte mucho mayor de nuestra salud cerebral está en nuestras manos de lo que antes creíamos, y cuanto antes actuemos en consecuencia, mejor.

Fuentes bibliográficas:

  1. Dhana K, Evans DA, Rajan KB, Bennett DA, Morris MC. Healthy lifestyle and the risk of Alzheimer dementia: findings from 2 longitudinal studies. Neurology. 2020 Jul 28;95(4):e374-e383. doi:10.1212/WNL.0000000000009816. Epub 2020 Jun 17. PMID: 32554763; PMCID: PMC7455318.
  2. Baker LD, Espeland MA, Whitmer RA, et al. Structured vs self-guided multidomain lifestyle interventions for global cognitive function: the US POINTER randomized clinical trial. JAMA. 2025;334(8):681-691. doi:10.1001/jama.2025.12923.
  3. Bender E. Early detection of cognitive deterioration through artificial intelligence. Healthy Aging Res. 2025;14:230. Available from: https://www.longdom.org/articles/early-detection-of-cognitive-deterioration-through-artificial-intelligence-1103521.html
  4. Sharafeldeen A, Keowen J, Shaffie A. Machine learning approaches for speech-based Alzheimer’s detection: a comprehensive survey. Computers. 2025;14(2):36. doi:10.3390/computers14020036.
  5. Solomon A, Turunen H, Ngandu T, Peltonen M, Levälahti E, Helisalmi S, Antikainen R, Bäckman L, Hänninen T, Jula A, Laatikainen T, Lehtisalo J, Lindström J, Paajanen T, Pajala S, Stigsdotter-Neely A, Strandberg T, Tuomilehto J, Soininen H, Kivipelto M. Effect of the Apolipoprotein E genotype on cognitive change during a multidomain lifestyle intervention: a subgroup analysis of a randomized clinical trial. JAMA Neurol. 2018 Apr 1;75(4):462-470. doi: 10.1001/jamaneurol.2017.4365. PMID: 29356827; PMCID: PMC5885273.
  6. Wang J, Chen C, Zhou J, et al. Integrated healthy lifestyle even in late-life mitigates cognitive decline risk across varied genetic susceptibility. Nat Commun. 2025;16:539. doi:10.1038/s41467-024-55763-0.
  7. Sanaeifar F, Pourranjbar S, Pourranjbar M, Ramezani S, Rostami Mehr S, Wadan AH, Khazeifard F. Beneficial effects of physical exercise on cognitive-behavioural impairments and brain-derived neurotrophic factor alteration in the limbic system induced by neurodegeneration. Exp Gerontol. 2024;195:112539. doi:10.1016/j.exger.2024.112539
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