Por qué la salud del hígado es clave para la longevidad
Hoy en día, cuando pensamos en "longevidad", lo que solemos pensar son batidos verdes, cremas antiedad, polvos de colágeno, caminar al menos 10.000 pasos al día o ayuno intermitente. Pero detrás de todos estos populares "rituales de bienestar" se esconde un órgano que funciona silenciosamente y que sirve como centro de control bioquímico del cuerpo: el hígado.
El hígado no es solo un "órgano de desintoxicación". Desempeña un papel crucial en procesos esenciales como el metabolismo, el equilibrio hormonal, la síntesis de proteínas y la función inmunitaria. Las investigaciones demuestran que, a medida que envejecemos, el hígado experimenta cambios estructurales y funcionales significativos, que pueden acelerar los signos del envejecimiento sistémico (1).
Hoy en día, factores relacionados con el estilo de vida como la obesidad, la resistencia a la insulina, el alto consumo de fructosa, la falta de sueño, el estrés crónico y la inactividad física aumentan la presión sobre el hígado desde una edad temprana. Esta carga constante suprime su capacidad regenerativa natural. El resultado no solo son enfermedades hepáticas, sino también un mayor riesgo de problemas cardiovasculares, envejecimiento cerebral acelerado y el desarrollo del síndrome metabólico (2).
La buena noticia, sin embargo, es que el hígado es uno de los pocos órganos del cuerpo humano con la notable capacidad de regenerarse.
En este artículo, exploraremos la verdadera función del hígado en el cuerpo, por qué es un "órgano del envejecimiento" tan importante y cómo los hábitos de vida modernos pueden perjudicar su función. También analizaremos estrategias con respaldo científico y suplementos nutricionales que pueden ayudar a restaurar y proteger la salud hepática.
¿Qué hace realmente el hígado?
Seamos honestos: el hígado es uno de los órganos menos valorados del cuerpo. Podríamos hablar interminablemente del corazón, el cerebro o incluso la piel... ¿pero el hígado? La mayoría de la gente solo lo conoce como "el filtro del cuerpo".
Esa descripción es cierta, pero está lejos de ser completa. El hígado no solo filtra toxinas; también gestiona simultáneamente cientos de procesos bioquímicos. Es el conductor silencioso del metabolismo, el sistema inmunitario, las hormonas y las vías de desintoxicación (3).
Analicemos con más detalle tres de sus funciones principales:
1. El Conductor Metabólico
Todo lo que come o bebe pasa por el hígado.
Considérelo el "estratega principal" del cuerpo: ¿La glucosa debe almacenarse, quemarse para obtener energía o convertirse en grasa? El hígado decide (3, 4).
También transforma subproductos dañinos, por ejemplo, el amoníaco que se forma durante el metabolismo de las proteínas. ¿Cómo? Convirtiéndolo en urea para que los riñones puedan excretarlo de forma segura. Sin este proceso, la acumulación de toxinas se produciría en cuestión de días (3).
Y eso no es todo. El hígado también desempeña un papel fundamental en el procesamiento de vitaminas liposolubles como la vitamina D y en la activación de ciertas hormonas (3).
2. Síntesis de Proteínas
El hígado también actúa como una fábrica de producción a gran escala.
Produce albúmina, la principal proteína que mantiene el equilibrio hídrico en el cuerpo y transporta diversas sustancias en la sangre. Cuando los niveles de albúmina disminuyen, puede producirse hinchazón en las manos y los pies o incluso edema generalizado. En los adultos mayores, los niveles bajos de albúmina se relacionan con un mayor riesgo de mortalidad (4).
El hígado también produce los factores de coagulación necesarios para una correcta coagulación sanguínea. Cuando este sistema falla, pueden aparecer síntomas como la proclividad a los hematomas o el sangrado prolongado (5).
3. Desintoxicación
Sí, el hígado es un "centro de desintoxicación", pero no en el sentido comercial de moda. Procesa medicamentos, alcohol, sustancias químicas e incluso algunas hormonas producidas en el cuerpo, neutralizándolas y permitiendo su eliminación. Cuando este sistema se deteriora, las toxinas se acumulan, lo que provoca estrés oxidativo, daño al ADN y envejecimiento acelerado (3).
Pero lo más importante es que, durante este proceso, el hígado colabora con las células inmunitarias para reparar el tejido dañado, reducir la inflamación y favorecer la regeneración celular. En otras palabras, no solo limpia, sino que también restaura (3, 5).
Entonces, ¿qué tiene todo esto que ver con la longevidad?
Piénsalo así: cuando el hígado se daña o empieza a acumular grasa, todos sus sistemas centrales empiezan a ralentizarse. Las toxinas se acumulan en la sangre, el metabolismo se ralentiza, el exceso de grasa se almacena con mayor facilidad y la inflamación aumenta en todo el cuerpo. Y esto no solo afecta al hígado, sino también al corazón, el cerebro, la piel, el sistema inmunitario e incluso el bienestar mental.
La longevidad no se trata solo de vivir más tiempo, sino de vivir de forma más saludable. Y la base de todo esto es un hígado que funcione correctamente.
La epidemia moderna: la enfermedad del hígado graso
La enfermedad del hígado graso ya no es una afección que se observa en bebedores empedernidos. Hoy en día, está tan extendida que aparece incluso en personas que llevan un estilo de vida que muchos consideran "normal".
Nuevos datos muestran que la enfermedad hepática esteatótica asociada a la disfunción metabólica (MASLD), antes conocida como enfermedad del hígado graso no alcohólico (NAFLD), es ahora la enfermedad hepática crónica más común en todo el mundo (6).
Según metaanálisis recientes, entre el 32 % y el 38 % de los adultos a nivel mundial se encuentran en esta categoría de enfermedad (7).
Y entre las personas con factores de riesgo metabólico como la obesidad o la diabetes tipo 2, las cifras aumentan drásticamente: algunos estudios informan tasas de MASLD de hasta el 40-70 %, y en personas con obesidad mórbida, la prevalencia puede acercarse al 90 % (8).
Estas cifras pueden parecer irreales, pero ese es precisamente el punto: el MASLD se ha convertido en un problema de salud cotidiano. La vieja suposición de que solo afecta a los adultos mayores o a los bebedores empedernidos ha quedado completamente obsoleta.
¿Por qué esta enfermedad se ha vuelto tan común?
Existen varias razones, la mayoría de las cuales se remontan a los hábitos de vida modernos:
Disfunción metabólica: La resistencia a la insulina, la diabetes tipo 2, el sobrepeso y la obesidad son extremadamente comunes hoy en día. Estas afecciones alteran el metabolismo de las grasas en el hígado y aceleran su acumulación (8).
Dietas procesadas y altas en calorías, e ingesta de azúcar/fructosa: Las dietas modernas están dominadas por carbohidratos refinados, bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados, todo lo cual aumenta la carga de grasa en el hígado.
Estilos de vida sedentarios: La poca actividad física altera el equilibrio metabólico, lo que a su vez promueve la acumulación de grasa en el hígado.
En otras palabras: la razón por la que el hígado graso está tan extendido hoy en día no es una epidemia genética, sino nuestro estilo de vida. Y este estilo de vida tiene el potencial de dañar el hígado silenciosamente durante muchos años.
¿Por qué "silenciosamente"? Porque el hígado graso no suele causar síntomas, y eso es lo que lo hace peligroso. La gente suele decir "me siento bien", mientras que la acumulación de grasa continúa sin darse cuenta. Piense en este proceso como un riesgo lento y silencioso que se acumula en segundo plano. A medida que la enfermedad progresa, la función hepática disminuye, pero este daño a menudo no es visible externamente hasta que se agrava.
Y el hígado graso no se limita al hígado. Afecta todo el sistema metabólico del cuerpo, la salud cardiovascular, la resiliencia cerebral, el equilibrio entre la inflamación y el estrés oxidativo y, en última instancia, la calidad de vida a largo plazo.
Si ignoramos esta creciente "epidemia" —es decir, si no prestamos atención a la nutrición, el ejercicio y la salud hepática—, es cada vez más probable que enfrentemos problemas de salud mucho más graves en los próximos años.
Por qué los análisis de sangre "normales" pueden ser engañosos
Al evaluar la salud del hígado, los médicos suelen analizar la ALT (alanina aminotransferasa) y la AST (aspartato aminotransferasa). Si estas enzimas se encuentran dentro del rango de referencia, a menudo se asume que todo está bien. Pero la realidad es que los resultados "normales" no siempre significan que se tiene un hígado sano. A veces, simplemente significa que su cuerpo aún no ha mostrado signos externos de daño.
Qué indican y qué no indican la ALT y la AST
La ALT y la AST son enzimas que se filtran al torrente sanguíneo cuando las células hepáticas están dañadas. En otras palabras, estas pruebas no miden la función hepática, solo detectan daño hepático (9).
En pocas palabras:
Si la ALT está elevada, puede haber daño hepático.
Pero si la ALT es normal, no garantiza que su hígado esté sano.
La acumulación de grasa, la fibrosis temprana o la disfunción metabólica pueden ya estar presentes, mucho antes de que se produzca la destrucción celular. Y cuando aún no hay degradación celular, los análisis de sangre permanecen "silenciosos".
Si tiene factores de riesgo (sobrepeso, resistencia a la insulina, sedentarismo o antecedentes familiares de enfermedad hepática), no confíe únicamente en los análisis de sangre estándar.
Para evaluar correctamente la salud del hígado, necesita pruebas más completas, y métodos como FibroScan o la elastografía por resonancia magnética proporcionan información mucho más precisa.
Cómo medir la salud hepática
Ahora tenemos una cosa clara:
“Alanina aminotransferasa (ALT) y aspartato aminotransferasa (AST) normales” no equivale a “un hígado sano”.
Entonces, ¿qué debemos considerar para comprender realmente el estado del hígado?
Aquí es donde entran en juego herramientas más avanzadas y fiables.
1. FibroScan: Lectura del hígado mediante vibración
FibroScan funciona casi como un dispositivo que mide la edad biológica del hígado.
¿Cómo funciona?
Envía vibraciones de baja frecuencia a través del cuerpo para evaluar la rigidez y el contenido de grasa del hígado.
A mayor rigidez, mayor fibrosis (tejido cicatricial).
También determina el grado de esteatosis (acumulación de grasa).
Una de las ventajas de FibroScan es que es indoloro, rápido y completamente no invasivo. La prueba dura unos 10 minutos y no daña el tejido (10).
2. Elastografía por resonancia magnética: El método de referencia
La elastografía por resonancia magnética (ERM) es uno de los métodos más detallados para evaluar la elasticidad y la rigidez del hígado.
Funciona de forma similar a una resonancia magnética estándar, pero utiliza un software especializado para medir la respuesta del tejido hepático a las ondas mecánicas.
Esta técnica puede detectar fibrosis, inflamación y esteatosis tempranas con precisión milimétrica (11).
Los 3 principales enemigos que dañan el hígado
Ahora entendemos que la salud del hígado no debe asociarse solo con el alcohol, y que existen otras amenazas mucho más insidiosas que minan silenciosamente la función hepática. Estos peligros provienen de hábitos cotidianos que se han vuelto casi inseparables de la vida moderna, y que con el tiempo enferman lentamente al hígado.
Disfunción Metabólica
(Resistencia a la insulina + superávit calórico crónico = sobrecarga hepática)
La vida moderna nos impone dietas hipercalóricas combinadas con poca actividad física, y el resultado es predecible: resistencia a la insulina, diabetes tipo 2, obesidad abdominal, inflamación crónica… todo lo cual aumenta la carga metabólica del hígado.
En las personas con resistencia a la insulina, las células hepáticas tienen dificultades para utilizar la glucosa y para convertir las grasas en energía. ¿El resultado? La grasa comienza a acumularse en el hígado.
Unos niveles persistentemente altos de insulina también desencadenan la lipogénesis de novo, el proceso interno de producción de grasa del hígado.
La falta de movimiento acelera aún más este ciclo. Las grasas que no se queman con el ejercicio se acumulan tanto en el cuerpo como en el hígado (12).
Alcohol
La idea de que "una copa al día es inofensiva" está muy extendida, pero las investigaciones demuestran que incluso el consumo regular de alcohol en dosis bajas puede aumentar el riesgo de hígado graso.
Durante el metabolismo del alcohol, se forma el compuesto acetaldehído, lo que genera estrés oxidativo e inflamación en las células hepáticas.
El alcohol también agota las reservas de glutatión, lo que debilita la capacidad de desintoxicación del hígado.
Y en personas que ya son propensas a la MASLD (como aquellas con resistencia a la insulina), el alcohol amplifica aún más el daño (13).
Fructosa y bebidas azucaradas: la amenaza más insidiosa
Las bebidas azucaradas, los jugos de fruta, los postres, los alimentos envasados… todos están repletos de fructosa, y la fructosa es un importante problema para el hígado.
¿Por qué? Porque la fructosa se metaboliza de manera diferente a otros azúcares.
Va directamente al hígado, donde se convierte rápidamente en grasa.
A diferencia de la glucosa, la fructosa no desencadena una respuesta insulínica, sino que envía una señal directa al hígado para que cree más grasa.
En resumen: el consumo excesivo de fructosa impulsa directamente la acumulación de grasa en el hígado (14).
El camino hacia la salud hepática
Bien, hemos hablado de temas complejos hasta ahora: hígado graso, daño celular, alcohol, fructosa, amenazas ocultas…
Pero aquí viene la parte alentadora:
El hígado es uno de los órganos con mayor capacidad regenerativa del cuerpo humano.
Esto significa que, con las medidas adecuadas, el daño acumulado durante años puede revertirse.
Y no, esto no se logra con una "bebida desintoxicante milagrosa".
Se logra mediante hábitos constantes y sostenibles.
Pérdida de peso
Las investigaciones demuestran que perder tan solo entre el 5 y el 10 % del peso corporal puede reducir significativamente la grasa hepática.
Pérdidas superiores al 10 % pueden incluso empezar a revertir la fibrosis (tejido cicatricial) (15).
Nutrición equilibrada
No existe una "dieta mágica para el hígado", pero sí principios básicos:
Minimizar el azúcar, la harina blanca y los carbohidratos procesados.
Priorizar los alimentos ricos en fibra y de bajo índice glucémico: verduras, legumbres y cereales integrales.
Concéntrese en las grasas saludables: aceite de oliva, omega-3.
Elija proteínas de alta calidad: pescado, huevos, yogur.
Evite los productos ricos en fructosa, especialmente los jugos de fruta envasados.
Ejercicio
El ejercicio no solo quema grasa, sino que también mejora la sensibilidad a la insulina, reduce la grasa hepática y disminuye la inflamación.
Se recomiendan al menos 150 minutos de actividad aeróbica moderada a la semana.
Un estudio de 2024 en personas con MASH (grasa + inflamación + daño hepático) demostró que una combinación de dieta restrictiva y entrenamiento a intervalos de alta intensidad mejoró drásticamente la salud del hígado (16).
Por qué es importante: El hígado como órgano de la longevidad
A medida que las personas envejecen, muchas se quejan de ganar peso con mayor facilidad, dificultad para perderlo, empeoramiento de los niveles de azúcar en sangre, presión arterial y colesterol, o dificultad para dormir.
Cada uno de estos factores está estrechamente relacionado con un deterioro silencioso de la función hepática.
La longevidad no se trata solo de vivir más tiempo, sino de mantenerse activo, enérgico e independiente, y el hígado desempeña un papel fundamental en ello.
El hígado es un determinante importante de la edad metabólica.
La mayoría de las personas se centran en la edad cronológica, pero lo que realmente importa es la edad biológica: la juventud de las células y los órganos.
Los científicos consideran que el hígado es uno de los órganos clave, capaz de ralentizar o acelerar el envejecimiento biológico (1).
En resumen:
Un hígado sano ralentiza el envejecimiento.
Un hígado cansado lo acelera.
La relación entre el hígado y la salud cardíaca
Las personas con hígado graso tienen un riesgo significativamente mayor de enfermedad cardiovascular.
Alrededor del 45 % de los pacientes con MASLD tienen hipertensión y casi el 50 % experimenta dislipidemia.
Por lo tanto, incluso para el corazón, es posible que deba examinar primero el hígado (17).
El envejecimiento cerebral y cognitivo también se ven afectados
Nuevas investigaciones muestran una conexión entre la función hepática y el rendimiento cognitivo.
Cuando la capacidad de desintoxicación disminuye, el amoníaco y las toxinas comienzan a acumularse, lo que provoca confusión mental, problemas de concentración y, a largo plazo, un mayor riesgo de enfermedades neurodegenerativas (18).
Cómo los suplementos pueden contribuir a la longevidad del hígado
Seamos claros:
Ningún suplemento puede reemplazar una mala alimentación, la inactividad o el alcohol.
Pero…
Al combinarse con una buena nutrición y ejercicio, ciertos suplementos pueden mejorar la capacidad regenerativa del hígado, reducir la inflamación o mejorar la función metabólica.
A continuación, se presentan suplementos con beneficios comprobados para la salud hepática:
1. Cúrcuma
La curcumina, el compuesto activo de la cúrcuma, ha ganado reconocimiento por sus efectos antiinflamatorios y antioxidantes.
Las investigaciones sobre MASLD demuestran que la curcumina puede:
Ayudar a equilibrar las enzimas hepáticas (reducción de ALT y AST).
Reducir la acumulación de grasa hepática.
Suprimir el estrés oxidativo al favorecer la producción endógena de glutatión (19, 20).
Quienes deseen experimentar los beneficios de la curcumina pueden explorar fórmulas de alta pureza como parte de su rutina.
Si desea explorar más sobre la curcumina, puede obtener más información sobre nuestras cápsulas de curcumina de 300 mg en la tienda web.
2. Extracto de té verde
El extracto de té verde, especialmente su contenido de EGCG, ofrece varios beneficios potenciales para la salud hepática.
Las investigaciones indican que el EGCG puede:
Reducir la producción de grasa hepática al ralentizar la lipogénesis
Mejorar la sensibilidad a la insulina, lo que favorece el metabolismo de la glucosa
Reducir la inflamación y limitar el daño a los hepatocitos (21).
Nota: El EGCG en dosis altas puede elevar las enzimas hepáticas en algunas personas. Utilice siempre las dosis recomendadas y consulte a un médico.
Para mayor consistencia, busque extractos estandarizados que contengan alrededor de un 40 % de EGCG.
En nuestra tienda online, ofrecemos extracto de té verde en cápsulas de 250 mg (40 % de EGCG).
3. Arroz de levadura roja
El arroz de levadura roja contiene naturalmente monacolina K, que actúa de forma similar a las estatinas y puede ayudar a reducir la carga lipídica del hígado.
Sus posibles beneficios:
Reduce el colesterol LDL, aliviando la carga de procesamiento de lípidos del hígado.
Contribuye a la salud cardiovascular, especialmente en personas con MASLD.
Ayuda a regular los triglicéridos, reduciendo el estrés metabólico (22).
Nota: Dado que la monacolina K se comporta como una estatina, quienes presenten niveles elevados de enzimas hepáticas deben usarla con precaución y bajo supervisión médica.
Para una dosificación equilibrada, busque productos con un ~3% de monacolina K.
Más información: Arroz de levadura roja 350 mg (3% de monacolina K).
4. L-Glutatión
El glutatión es uno de los antioxidantes naturales más potentes del cuerpo (y del hígado).
Desempeña un papel clave en la desintoxicación de fase I y fase II y protege las células a nivel molecular.
Posibles beneficios:
Favorece la eliminación de toxinas (metales pesados, metabolitos de fármacos, alcohol).
Previene el daño celular al reducir el estrés oxidativo.
Estimula las vías de desintoxicación, especialmente durante periodos de alta carga metabólica (23).
En nuestra tienda online, ofrecemos actualmente: L-Glutatión 500 mg.
5. Ácidos grasos Omega-3.
Los omega-3 EPA y DHA se encuentran entre los suplementos más estudiados para la enfermedad del hígado graso no alcohólico.
Pueden:
Reducir la grasa hepática.
Disminuir los marcadores de inflamación.
Mejorar la sensibilidad a la insulina (24).
6. Cardo Mariano (Silimarina).
Un agente tradicional herbal para el apoyo hepático.
La silimarina ha sido ampliamente estudiada por sus efectos antioxidantes y citoprotectores.
Los beneficios incluyen:
Estabilización de las membranas celulares.
Reducción del daño inducido por toxinas.
Mejora leve de las enzimas hepáticas elevadas (25).
Conclusión: "Proteja su hígado, gane años".
Cada pequeño paso que das hoy —dejar las bebidas azucaradas, caminar 30 minutos, elegir un suplemento beneficioso para el hígado— envía este mensaje a tu cuerpo:
"Tu salud me importa".
Y cuando envías ese mensaje con la suficiente frecuencia, tu hígado responde con una vida más larga, más fuerte y con más energía.
Referencias
1. Consortium AB, Jiang M, Zheng Z, Wang X, Chen Y, Qu J, et al. A biomarker framework for liver aging: the aging biomarker consortium consensus statement. Life Med. 2024;3(1):1-18. doi:10.1093/lifemedi/lnae004
2. Pang Y, Han Y, Yu C, Kartsonaki C, Guo Y, Chen Y, et al. The role of lifestyle factors on comorbidity of chronic liver disease and cardiometabolic disease in Chinese population: a prospective cohort study. Lancet Reg Health West Pac. 2022;28:1-9. doi:10.1016/j.lanwpc.2022.100564
3. Kalra A, Yetiskul E, Wehrle CJ, Tuma F. Physiology, liver. In: StatPearls. Treasure Island, FL: StatPearls Publishing; 2023.
4. Bennink RJ, Tulchinsky M, De Graaf W, Kadry Z, Van Gulik TM, eds. Liver function testing with nuclear medicine techniques is coming of age. Semin Nucl Med. 2012;42(2):124-137. doi:10.1053/j.semnuclmed.2011.10.003
5. Corless JK, Middleton HM. Normal liver function: a basis for understanding hepatic disease. Arch Intern Med. 1983;143(12):2291-2294. doi:10.1001/archinte.1983.00350120085018
6. Silva ML, Prado R. Systematic mapping of worldwide research on metabolic dysfunction-associated steatotic liver disease (MASLD) and metabolic dysfunction-associated steatohepatitis (MASH). Dig Dis Sci. 2025:1-6. doi:10.1007/s10620-025-09498-7
7. Teng ML, Ng CH, Huang DQ, Chan KE, Tan DJ, Lim WH, et al. Global incidence and prevalence of nonalcoholic fatty liver disease. Clin Mol Hepatol. 2022;29(Suppl):S32. doi:10.3350/cmh.2022.0365
8. Alexander M, Loomis AK, Fairburn-Beech J, van der Lei J, Duarte-Salles T, Prieto-Alhambra D, et al. Real-world data reveal a diagnostic gap in non-alcoholic fatty liver disease. BMC Med. 2018;16(1):130. doi:10.1186/s12916-018-1103-x
9. McGill MR. The past and present of serum aminotransferases and the future of liver injury biomarkers. EXCLI J. 2016;15:817-828. doi:10.17179/excli2016-800
10. Wilder J, Patel K. The clinical utility of FibroScan® as a noninvasive diagnostic test for liver disease. Med Devices (Auckl). 2014;7:107-114. doi:10.2147/MDER.S46943
11. Venkatesh SK, Yin M, Ehman RL. Magnetic resonance elastography of liver: technique, analysis, and clinical applications. J Magn Reson Imaging. 2013;37(3):544-555. doi:10.1002/jmri.23731
12. Scoditti E, Sabatini S, Carli F, Gastaldelli A. Hepatic glucose metabolism in the steatotic liver. Nat Rev Gastroenterol Hepatol. 2024;21(5):319-334. doi:10.1038/s41575-023-00888-8
13. Marti-Aguado D, Calleja JL, Vilar-Gomez E, Iruzubieta P, Rodríguez-Duque JC, Del Barrio M, et al. Low-to-moderate alcohol consumption is associated with increased fibrosis in individuals with metabolic dysfunction-associated steatotic liver disease. J Hepatol. 2024;81(6):930-940. doi:10.1016/j.jhep.2024.06.036
14. Alwahsh SM, Gebhardt R. Dietary fructose as a risk factor for non-alcoholic fatty liver disease (NAFLD). Arch Toxicol. 2017;91(4):1545-1563. doi:10.1007/s00204-016-1892-7
15. Clark JM. Weight loss as a treatment for nonalcoholic fatty liver disease. J Clin Gastroenterol. 2006;40(Suppl 1):S39-S43. doi:10.1097/01.mcg.0000168641.31321.fa
16. Mucinski JM, Salvador AF, Moore MP, Fordham TM, Anderson JM, Shryack G, et al. Histological improvements following energy restriction and exercise: the role of insulin resistance in resolution of MASH. J Hepatol. 2024;81(5):781-793. doi:10.1016/j.jhep.2024.06.017
17. Møller S, Bernardi M. Interactions of the heart and the liver. Eur Heart J. 2013;34(36):2804-2811. doi:10.1093/eurheartj/eht246
18. Jamalinia M, Zare F, Lonardo A. Liver fibrosis and risk of incident dementia in the general population: systematic review with meta-analysis. Health Sci Rep. 2025;8(11):e71530. doi:10.1002/hsr2.71530
19. Lukkunaprsit T, Tansawet A, Boonmanunt S, Sobhonslidsuk A, McKay GJ, Attia J, et al. An updated meta-analysis of effects of curcumin on metabolic dysfunction-associated fatty liver disease based on available evidence from Iran and Thailand. Sci Rep. 2023;13(1):5824. doi:10.1038/s41598-023-33023-3
20. Ebrahimzadeh A, Ebrahimzadeh A, Fooladshekan S, Mohseni S, Mohtashamian A, Babajafari S, et al. Therapeutic effects of curcumin supplementation on liver enzymes of nonalcoholic fatty liver disease patients: a systematic review and meta-analysis of randomized clinical trials. Food Sci Nutr. 2025;13(1):e4144. doi:10.1002/fsn3.4144
21. National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases. LiverTox: Clinical and Research Information on Drug-Induced Liver Injury. Bethesda, MD: National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases; 2012.
22. Zou J, Yan C, Wan J-B. Red yeast rice ameliorates non-alcoholic fatty liver disease through inhibiting lipid synthesis and NF-κB/NLRP3 inflammasome-mediated hepatic inflammation in mice. Chin Med. 2022;17(1):17. doi:10.1186/s13020-022-00573-z
23. Santacroce G, Gentile A, Soriano S, Novelli A, Lenti MV, Di Sabatino A. Glutathione: pharmacological aspects and implications for clinical use in non-alcoholic fatty liver disease. Front Med (Lausanne). 2023;10:1124275. doi:10.3389/fmed.2023.1124275
24. Masterton GS, Plevris JN, Hayes PC. Omega-3 fatty acids–a promising novel therapy for non-alcoholic fatty liver disease. Aliment Pharmacol Ther. 2010;31(7):679-692. doi:10.1111/j.1365-2036.2009.04230.x
25. Cacciapuoti F, Scognamiglio A, Palumbo R, Forte R, Cacciapuoti F. Silymarin in non alcoholic fatty liver disease. World J Hepatol. 2013;5(3):109-113. doi:10.4254/wjh.v5.i3.109